Décimo séptimo día
FOGUERES, DEL FUEGO SURGEN Y EN EL FUEGO SE CONSUMENEn una apartada oficina de correos de Madrid, dos ilustres navegantes, uno griego y otro holandés, reciben instrucciones precisas para hacerse cargo de El Pronador de los Mares.
- Deben alcanzar el barco y llevarlo de una vez hasta Punto Fijo
- El barco lleva tacómetro y por eso tiene que llevar dos capitanes, ya saben como están de duras las normas de tráfico internacionales
- Scopoulos, usted capitaneará el barco los L – X – V
- Usted Van der Scop los M – J – S
- ¿Y los domingos que hacemos?
- Los domingos que se encargue el piloto automático
En el barco, a falta de capitanes, piratas de mirada atravesada, grumetes enamoradizos, loros, perros con cistitis y cualquier tipo de tripulación conocida, algunos de los paquetes supervivientes se han aficionado al ron amarillo de la isla y cuando se entonan les sale la vena cantora de la ópera “Marina” de Arrieta y Campodrón.
Nuestro paquete de código CP04976710ES parece ser el principal cabecilla de la alcohólica rebelión, asumiendo el papel que en la ópera corresponde al capitán de barco, Jorge.
- Hasta el borde las copas llenemos, a gozar, a beber, a beber, su espumoso licor apuremos que en su fondo se encuentra el placer, corean los borrachines paquetes
- Llenad la copa, sí, llenadla ya otra vez, a ver si logro al fin calmar mi ardiente sed, indica el cabezón
- A beber, a beber, a ahogar el grito del dolor, que el vino hará olvidar las penas del amor, continua Don Jorge
- ¿A dónde van huyendo las ilusiones, que nos dejan sin vida los corazones?. Y en pago del tormento de tanto amar, se va el suspiro al viento y el llanto al mar. Pero no importa, bebamos más que la vida más ligera con el vino pasará
El pequeño paquete postal reclama a sus compañeros la celebración de las hogueras de San Juan aunque ya hayan sido hace unos días porque para eso todos los santos tienen octava, está muy contento porque ha oído por la radio del puente que los capitanes Scopoulos y Van der Scop, con quién les une una no por reciente menos náutica amistad, vienen ya de camino hacia el barco para asumir las funciones intrínsecas del puesto.
- Coged todo lo viejo que tengáis que lo vamos a quemar
- ¿No será un poco doloroso?
- No estamos hablando de quemar a tu suegra, tío listo
- Nos la vamos a cargar, la cubierta, digo
- Saltaremos sobre la hoguera para demostrar nuestro valor
- Pues como no sea nuestro valor postal
En esas pirómanas prácticas estaba la paquetería en pleno, a punto de quemar y echar a pique el barco cuando al fin llegaron los dos capitanes.
- Atención al cliente de paquetes postales económicos, dígame
- Hola señorita, soy yo de nuevo
- De nuevo nada que hace casi un mes que no paras de acosarme
- Pero si yo solo quiero saber cómo y dónde está el paquete
- El paquete sigues teniéndolo en el mismo sitio, bribón, y bien que lo sabes que vienes aquí a provocarme
- Que no señora, más dígame ¿se sabe algo?
- Todavía es pronto pero estoy de dos faltas
- ¿Y cuanto le falta?
- ¿Al paquete?
- No, al engendro
Los capitanes ordenan baldear la cubierta para eliminar los restos calcinados de mesas, sillas, literas y algún que otro trasto del barco que han sido pasto de las llamas y se disponen a dar las órdenes precisas para partir cuanto antes rumbo a Venezuela.
- Pasajeros al tren
- Oiga pero si esto es un barco
- Ya pero no se como se dice eso en los puertos
- Pues que embarquen los pasajeros
- ¡Vamos señores, suban a bordo!
Por fin, tras varios días anclados en la costa palmera, plenos de zozobra e incertidumbre sobre la viabilidad del viaje, las máquinas se ponen en marcha y El Pronador de los Mares se aleja lentamente de la isla corazón para iniciar el salto del charco.
- Papá, papá, ¿queda mucho para llegar?
- Calla niño, ¿no ves que acabamos de salir?
- Papá, papá, que aquí no se puede fumar que lo pone en ese cartel
- ¿Pero “muyayo” quién te ha dicho a ti que yo soy tu padre?
- No, si no le estoy hablando a usted señor conductor sino a mi padre que está sentado aquí a mi lado, responde la criatura
- Oiga señor capitán, que su barco se está alejando y esto es la guagua de Santa Cruz a Los Llanos de Aridane, aclara el papá de la criatura
- ¡Sapristi!, ya decía yo que este timón era un poco raro
Lamentablemente el capitán Van der Scop ha perdido el barco debido a un despiste involuntario, a ver como llega ahora hasta Valladolid, me refiero al capitán porque el barco navega plácidamente hacia la península de la amistad, nuevamente bajo el mando de Scopoulos.
Al amanecer algunos creen haber visto entre las nubes la isla de San Borondón pero como el capitán no ordena una investigación a fondo del suceso nosotros no vamos a insistir.
¡Qué Dios reparta suerte!


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