10 marzo 2006

Vigésimo primer día

VERDES TANGOS

Tras nuestra llegada pasamos la fría noche invernal fondeados en el puerto de Buenos Aires y para entrar en calor nada mejor que los ecos de un tango que nos llega tamizado desde el malecón.

No enturbies tus ojos color de aguaverde,
no busques recuerdos, no mires el mar.
El barco, María, quizá ya no vuelva,
no sueñes el rostro de su capitán.

Grabó en su navío tu nombre de estrella,
te amaba y no tuvo palabras de adiós.
Los mares lejanos marcaron su huella,
quién sabe en que puerto sus anclas hundió.

El capitán Scopoulos al escuchar esta estrofa nota como si un escalofrío le recorriese la espina dorsal, recuerda que él también mantiene deudas de amor en algunos puertos de mar y no las puede olvidar.

El barco, María, zarpó una noche serena
y se llenaron de pena, los ojos del capitán.
Te dijo muy triste: "Inolvidable María,
he de volver algún día", y parecía llorar.

El barco, María, se fue buscando las olas
y te ha dejado tan sola como perdida en el mar.

Observando al capitán, el único periodista que se pone verde, es decir Miguel Pi, afina su aguzado oído profesional como si estuviese delante de una exclusiva.

- Tras esa cara de pena hay una historia de amor encendido, piensa para sí el miguelete
- Apague ese pitillo señor marciano que en el barco no se fuma, ejerce su autoridad el griego tristón
- No estoy fumando, castigador, esta luz es de mis ojillos el brillo

Olvida que un día te dijo sonriente
que amaba tus ojos color verdemar.
Olvida esas noches soñando en el puente,

del barco María, que no volverá.

No mires las aguas, plateadas de luna,
no escuches de noche su triste canción,
no busques recuerdos que llenan de brumas
el muelle desierto de tu corazón.

Descorazonado por la amarga historia de desamor que cuenta el tango, Miguel Pi, en uno de sus prontos, decide quedarse una temporada en Argentina para realizar un estudio en profundidad del lunfardo.

- Servicio de atención internacional a clientes, dígame
- Hola señorita, quería preguntar por mi paquete
- Lo primero advertirle que no soy una señorita
- ¡Ah!, usted perdone caballero
- ¡Como que caballero!, no soy una señorita porque estoy casada y aunque tenga vello en el bigote no es como para llamarme caballero; adicionalmente debo decirle que me parecen de muy mal gusto sus deshonestas proposiciones
- Pero si solo me interesa saber si mi paquete ha llegado en condiciones
- Espere un momento que le paso, aunque sea usted cliente es también un desalmado

Los paquetes están hoy sin muchas ganas de juerga, las consecuencias de la resaca de la queimada todavía se notan en la mayoría de ellos.

- No vuelvo a beber en mi vida
- Pero si tú eres abstemio Paquetiño
- Si pero caí al agua y me bebí una tonelada
- Más cornadas da el hambre

Los tristes recuerdos del tango tienen a Don Miguel sumido en un mar de dudas, se ha decidido por permanecer en la Argentina a la espera de que la señora María encuentre a su capitán y no hay quién se lo quite de la cabeza, se ha atornillado esa idea y no hay manera de convencerle para que prosiga el viaje.

Sin tiempo ni ganas para pensar en alternativas se pone a canturrear por lo bajini una estrofa del tango ¡Al mundo le falta un tornillo!.

Todo el mundo está en la estufa,
Triste, amargao y sin garufa,
neurasténico y cortao...
Se acabaron los robustos,
si hasta yo, que daba gusto,
¡cuatro kilos he bajao!

Al mundo le falta un tornillo,
que venga un mecánico,
pa' ver si lo puede arreglar.

Pobre Pi, no se da cuenta que a él le sobra de lo que al mundo le falta, esto está mal repartido amigo Miguel, deberías tenerlo en cuenta antes de salirte en este punto de la historia.

De puro triste que se encuentra no ha querido ni participar en su fiesta de despedida, cuando el barco parte hacia su nueva escala el verde periodista se autodescubre bajo su nueva faceta de estudioso del cante.

Adiós, muchachos, compañeros de mi vida,
barra querida de aquellos tiempos.
Me toca a mí hoy emprender la retirada,
debo alejarme de mi buena muchachada.

En civil formación sobre la cubierta el capitán ha apostado a todos los paquetes presentes para despedir al osado representante de elatleta.com con sus mismas armas; el coro sinfónico de Correos en el exilio le brinda esta canción.

Mi Buenos Aires querido,
cuando yo te vuelva a ver
no habrá más penas ni olvidos.

El farolito de la calle en que nací

fue centinela de mis promesas de amor;
bajo su quieta lucecita yo la vi
a mi pebeta luminosa como un sol.

Hoy, que la suerte quiere que te vuelva a ver,
ciudad porteña de mi único querer,
y oigo la queja de un bandoneón,
dentro del pecho pide rienda el corazón.

Y bajo este fondo musical el barco se aleja nuevamente de la costa, yo creo que va en dirección incorrecta pero se ve que a este relator se le ha metido entre ceja y ceja llegar hasta el Pacífico y parece que lo va a conseguir.

Atrás dejamos Buenos Aires, la Reina del Plata, el río más ancho del mundo debido a la confluencia de los ríos Paraná y Uruguay navegables desde su curso medio.

En ella se queda temporalmente Miguel Pi, el único periodista que se pone verde, seducido por la magia del tango.